7 Poemas de Miguel Florián

 

 

EL ALBA ES UNA LÍNEA BLANCA

 

El alba es una línea blanca

que han tendido los pájaros,

 

una cuerda de luz, abandonada.

 

 

Nada se escucha aún…

sólo el murmullo,

la marea de sangres

que encenderá la vida.

 

 

Atraviesa la calle

un frescor de inocencia…

 

Y los hombres no existen todavía.

 

 

CONFLAGRACIÓN DE LOS PÁJAROS

 

Amanece…, y los pájaros

describen con sus voces

redondas simetrías

de pálido cristal…

 

Otros enigmas urde el corazón

-la maravilla oscura de la sangre,

la luz tiñendo los pulmones

de vida roja y limpia.

 

Amanece, las palabras se agitan

en el sopor profundo de la sombra.

 

El tiempo es este instante,

la breve eternidad

que se demora un momento en los árboles.

 

 

LA DICHA ES SOLAMENTE

 

La dicha es solamente

estar aquí,

 

asomado a la puerta

para beber la luz.

 

 

Y no temblar,

y no moverse de este instante.

 

 

UNOS PASOS ATRAVIESAN LA CALLE

 

Unos pasos atraviesan la calle,

(¿a dónde irán?), y tú vagas tras ellos,

imaginas la vida presurosa

que se pierde en la sombra.

 

La vida ajena,

vida siempre fugaz, que se extravía,

(lo mismo que la tuya).

 

 

EL MAR, AZUL, AL FONDO

 

El mar, azul, al fondo

y más acá

la línea rota de la espuma.

 

Del tiempo también roto.

 

 

(Y fuera sangre,

pupila que se extiende

hasta alcanzar el blanco

velamen de algún barco).

 

 

Y siempre el mar

como un latido añil

-redondo-

que se aleja.

 

 

ESTA LÍNEA QUE PARECE ALEJARSE

 

Esta línea que parece alejarse

no es el mar,

ni el corazón tampoco.

 

 

La brisa de la noche,

en el estío,

a veces nos devuelve

sílabas semejantes,

parecidas fronteras.

 

 

El mar abandona en el alma

guijarros, caracolas,

palabras como éstas

 

(pero más verdaderas).

 

 

CEMENTERIO MARINO

 

                                          a Carmen y José María

[ Luarca, 1992]

 

1

 

Aquí la muerte es blanca,

encalada desciende

por los muros heridos

hasta abrazar el mar.

 

 

El mar, el horizonte…,

el sueño de los hombres,

la lentitud del alma…

 

Las palabras son blancas.

 

 

El mar… Las gaviotas,

por un instante planas,

han ido derramando

su muerte generosa,

como musgo de luz

que humedece los labios.

 

 

2

 

La muerte es aquí blanca

junto al azul del cielo.

 

 

El perfume del pino,

la tibieza del agua…,

la luz es también blanca.

 

 

Son lagartijas blancas

los muertos al tenderse

bajo la cal, desnudos,

avarientos de olvido…

 

 

Cuando después se alejan

a otro país más frío,

cuando caen hacia el sueño,

reflejando las velas

de los barcos, el ala

dorada de los pájaros,

 

en sus pupilas blancas.

 

Leídos en Ateneo

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