Erogando trizas donde gotas de lo vario pinto

untitled (8)Libro inclasificable de Colección La Palma de poesía, publicado en 2011.

Lorenzo García Vega (Jagüey Grande, Cuba, 1926) es el más atípico representante –así como uno de los más duros críticos– del llamado Grupo Orígenes fundado por José Lezama Lima, y uno de los autores más lúcidos y singulares de toda la literatura cubana. Su trabajo comprende libros de poesía, ensayos, novelas, diarios y memorias, si bien difícilmente se atiene a clasificaciones de naturaleza genérica. Parte de su obra poética ha sido recogida en “Poemas para penúltima vez” (1991), y “No mueras sin laberinto” (2005).

De entre su extensa bibliografía cabe destacar “Suite para la espera” (1948), “Ritmos acribillados” (1972), “Rostros del reverso” (1997), “Los años de Orígenes” (1979), “Collages de un notario” (1992), “Espacios para lo huyuyo” (1993), “Vilis” (1998), “Palíndromo en otra cerradura” (1999), “El oficio de perder” (2004), “Cuerdas para Aleister” (2005) y “Devastación del Hotel San Luis” (2007).

En 1952 recibió el Premio Nacional de Literatura de su país por “Espirales del Cuje”.

 

SÓLO LO VISUAL, SIN IMÁGENES

No son ángeles, por supuesto. Son sólo azules-pautas-veleros.

Pautas. Líneas cortas.

O distintas pautas P. Pautas azules, P.

Lo P.

¿Pero lo P no es también lo amarillo?

El mar, también azul, es amarillento. ¿Amarillento o amarillo?

Por lo que 3, 4, 5 instantáneas del velero se acurrucan –una ventana mocha.

Una ventana mocha es un fragmento que una vez guardé. Lo guardé, y llegó un punto en que se perdió.

Una ventana mocha –¿cuál fue el dibujado recuerdo?– que se perdió.

Entonces sigo contando sobre eso que cae por un canal, tras un amarillo, tras lo rojo que es amarillo; tras lo anaranjado, también. ¿Tras de qué, el velero?

Yo lo estoy viendo con las hojitas del árbol que está frente a la ventana de mi cuarto.

Un precipicio entonces, por lo minúsculo. Las líneas del tamaño de un insecto. Es la dimensión de una uña, que una vez soñé.

O líneas, entonces: más: para el velero azul. ¿Velero azul se envuelve como velero anaranjado? Lo delicado de una liniecita que se dobla, con eso se acuesta la voz.

Así que un martillo, entonces. No se sabe, en este caso, por qué aparece un martillo.

No se sabe, diríamos un velero que pudiera desaparecer, pero aparece un martillo.

Y la voz se acuesta, repito (¿fue aquella cuya ausencia sentí al verla en una escena de una película silente?).

Y yo miro las hojitas frente a la ventana.

Lorenzo García Vega

Lorenzo García Vega

 

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